Masterclass impartida por Bernat Sanromà el 11 de febrero de 2026 en ESdesign
El panorama creativo actual se encuentra en un estado de dualidad técnica y emocional, una suerte de "esquizofrenia profesional" impulsada por la velocidad del avance tecnológico. Existe un ciclo diario de inestabilidad: el profesional puede sentirse obsoleto por la mañana al descubrir una herramienta que automatiza su trabajo de días, y sentirse omnipotente por la tarde al ejecutar un proyecto complejo en solitario.Este informe sostiene que la creatividad es una facultad frágil. Siguiendo la premisa de que la creatividad no se crea ni se transforma, sino que se destruye, el sistema educativo y los entornos corporativos han tendido a penalizar el pensamiento divergente. La Creatividad Exponencial surge como la oportunidad de rescatar esa facultad mediante una simbiosis consciente con la tecnología.
Es imperativo distinguir entre creatividad (generación de ideas con valor) y producción creativa (ejecución de activos).
Durante la última década, el marketing digital ha priorizado la optimización y el volumen. Esta "pesca de arrastre" —lanzar redes inmensas de contenido masivo para capturar rastro de atención— ha priorizado el Retorno de Inversión (ROI) sobre el legado.
El concepto de Deuda Cognitiva, identificado por el MIT, advierte sobre el peligro de delegar el pensamiento crítico en algoritmos.
El estudio longitudinal de pensamiento imaginativo revela que la escolarización y la adultez reducen la capacidad de resolución creativa del 98% al 2%. En el contexto actual, la IA puede acelerar esta atrofia si se utiliza para evitar el esfuerzo de pensar en lugar de potenciarlo. La IA es un modelo probabilístico que busca la lógica; la creatividad, por definición, busca el desafío y la ruptura de esa lógica.
Uno de los cambios más drásticos es la devaluación de las habilidades técnicas tradicionales (hard skills).
El profesional pasa de ser un artesano de piezas a un Director de Orquesta de inteligencias. Esto requiere un cambio de perfil: del técnico al humanista.
Empresas punteras en IA, como Anthropic, están integrando filósofos y expertos en ética en sus equipos. La razón es clara: la relación con la IA debe ser humana para ser efectiva.
El uso de metodologías clásicas como el Ciclo de Wallace (Incubación e Iluminación) y el Pensamiento Lateral de Edward de Bono permite usar a la IA como un "espejo" de nuestra propia curiosidad. La técnica de los Seis Sombreros permite validar ideas arriesgadas, forzando a la IA a adoptar roles críticos que el humano, por autocomplacencia o dopamina ante una solución rápida, podría ignorar.
La exponencialidad tecnológica (donde el paso 30 no equivale a 30 metros, sino a 26 vueltas al mundo) requiere un cerebro que aprenda a pensar de forma no lineal.
Ser un futurista científico no es adivinar el futuro, sino situarse mentalmente a 5 años vista para:
El análisis de causalidad permite ver el bosque tras el árbol. Un cambio en una tecnología (como el coche autónomo o el cambio en los recursos hídricos) genera impactos en cascada en la salud, la economía y el urbanismo. El creativo exponencial entrena su mirada para ver estas conexiones invisibles, encontrando nichos de innovación donde otros solo ven problemas técnicos.
La Creatividad Exponencial culmina en la metáfora del Big Bang: un núcleo creativo sólido, humano y trabajado, que una vez validado, puede explotar en infinitas formas, formatos y canales gracias a la potencia de la IA.El futuro pertenece a quienes dominen el Herding (pastoreo de ideas): la capacidad de mantener una conversación exploratoria y desestructurada con la tecnología. La IA no es un aliado ni un verdugo; es un espejo que nos devuelve la medida exacta de nuestra propia ambición creativa.