10 Aug
10Aug

Mi trayectoria profesional se ha desarrollado siempre en el mundo de las grandes agencias y las grandes marcas. Todas estas grandes marcas con las que convivimos a diario, que forman parte en mayor o menor medida de nuestras vidas y de nuestras aspiraciones, y con las que tenemos una relación de largo recorrido. En ese mundo de grandes empresas y grandes marcas, asumes rápidamente dos cosas. La primera es que el objetivo último de todo es ganar dinero. La segunda es que el vehículo para conseguirlo es vendiendo productos o servicios. En base a esta sencilla premisa es cómo las grandes marcas han desarrollado siempre todas sus estrategias de marketing. Incluso hoy en día, cuando parece que la sociedad (y el consumidor en particular) exigen más que nunca a las grandes corporaciones, cualquier acción de marketing se puede leer en clave ventas. Incluso cuando hablamos de la responsabilidad social, hablamos de pequeñas acciones desconectadas de su actividad diaria, en las que la corporación pretende mostrarse como un ser social empático y comprometido con la sociedad. Pequeñas acciones que intentan conectar a través de la emocionalidad, abanderando aparentemente las preocupaciones que están en boca de todos: sostenibilidad, medio ambiente, igualdad de género, desigualdad, …

Ese tipo de aproximaciones a los problemas de la sociedad es lo que ha dado pie a fenómenos como el greenwashing, acciones de muy bajo impacto real que pretenden mejorar la imagen de las marcas por la vía rápida. 

Después de muchos años trabajando de este modo, un profesional de la comunicación de marcas corre el riesgo de asumir que esto es así. Que nuestro trabajo va de esto. Y asumir esto no es bueno. Básicamente porque dejas de cuestionarte cosas fundamentales que tienen que ver con tu propio sistema de valores. Siendo esto así, hay algo que es más peligroso incluso que el conformismo, que es volverse insensible. Una insensibilidad que poco a poco va calando dentro y que acaba afectando a tu implicación personal con la profesión. Con la publicidad. 

Yo llevaba 18 años en una de las mejores agencias del mundo. Casi 25 en el mundo de la publicidad. Puede que debido a eso se apoderara de mi lentamente la idea de que se puede hacer mucho más. Y no solo por parte de las grandes empresas, sino también desde todo el ecosistema de proveedores que hay alrededor de ellas. Agencias de medios, agencias de publicidad, agencias de marketing online,… todos unidos a por ese objetivo último de ganar dinero. Todos unidos para vender más como la forma última de ganar ese dinero. 

Bueno, pues después de todo este tiempo al lado de las marcas, me bajé del barco. Con toda mi pena por ser un mundo que amo y que me apasiona. Pero decidido. Necesitaba volver a creer en la publicidad, como decían los grandes Casadevall & Pedreño. Y para hacer eso, para volver a creer en ella, tenía que salir del sector, por muy paradójico que parezca. Tenía que encontrar de nuevo el sentido y las ganas. Necesitaba encontrar mi lugar. Un lugar con el que compartir este nuevo mindset. Que conectara con mis propios valores, pero en el que pudiera aportar mucho. Y creo haber encontrado gran parte de lo que buscaba en el mundo de las Start-Ups.

Las Start-Ups viven de este nuevo mindset. Son las empresas que se cuestionan por qué narices hacemos las cosas como las hacemos. Las que se preguntan si no habría una manera de agilizar, optimizar, economizar, universalizar algo. Son las empresas que encuentran pequeñas fisuras en el sistema para colarse, hacerse fuertes y quebrarlo. Además, sin un objetivo anti-sistema anarquista, sino de regeneración positiva. Las Start-Ups son empresas que tienen un gran significado. Son Davides contra Goliaths. Son pequeñas antorchas que nos recuerdan que todo cambia. Que nadie te regala nada. Aunque seas una marca que lleva en el mercado 100 años.

Son este tipo de empresas, llenas de energía y ganas de hacer grandes cosas, las que necesitan más que ninguna otra contar bien lo que hacen. Convencer a todo el mundo de que todos estamos en realidad avanzando hacia el mismo lugar, que no es más que una sociedad que equilibre mucho mejor la relación del ser humano con él mismo, coon sus semejantes y, en última instancia, con el planeta. Son estas empresas, que necesitan incubadoras y aceleradoras, que escuchan a mentores y a inversores, las que deben ser más celosas que ninguna de aquello que las hace únicas, que no es más ni menos que la forma en la que nacen. El momento en el que tres o cuatro amigos deciden que sí. Que tienen entre manos una idea y que no se detendrán hasta convertirla en algo grande. Ese momento de ideación y valentía a partes iguales que les dota de una buena carga de energía para enfrentarse a los primeros retos. Esa energía que vemos en la primera foto que una Start-Up se hace, en el garaje de uno de ellos, en una oficina sin mesas, o en una feria tecnológica, defendiendo un stand de 1x2 metros y un cartel con un logo cutre. 

A estas empresas es a las que he decidido dedicarme en esta nueva etapa de mi vida profesional. Ya llevo algunas y cada día estoy más convencido de que puedo aportarles mucho.

En esta nueva etapa voy a poner a disposición de las Start-Ups una serie de modelos y metodologías que las grandes marcas utilizan a diario para desarrollar sus propios relatos. Para convencer. Para vender. Y sé que estas herramientas y metodologías van a funcionar con las Start-Ups porque paradójicamente son mucho más poderosas cuando nacen de la verdad. De algo genuino y que trasciende a la venta. Ahí estoy yo emocionalmente ahora mismo. Igual que las Start-Ups. Y es desde ahí donde he escrito este libro. Con el propósito de impulsar este nuevo tipo de empresas que nacen para cambiarlo todo. 

El impacto positivo forma parte de todas las Start-Ups. El reto al que me comprometo en esta nueva etapa es que todas ellas averigüen cuál es este impacto y convertirlo en fuente infinita de energía. En el motor de crecimiento y de toma de decisiones. Es un viaje que me apasiona y que ya he conseguido hacer con algunas Start-Ups.

Ya ha pasado el año uno. Un año en el que he empezado a desprenderme de mi antigua carcasa de director creativo y he empezado a desplegar nuevas alas. Un año lleno de proyectos que me reafirma en mis ideas y que me empujan a seguir ayudando e inspirando.

Seguimos.